La realización como propósito de vida

Una nueva mentalidad para transformar la sociedad

Esta reflexión forma parte de nuestro análisis sobre la sociedad y sobre cómo una cultura orientada al propósito puede transformar el futuro colectivo.

Persona caminando hacia una vida con propósito mientras deja atrás el trabajo rutinario para construir una sociedad más humana.

Cómo salvar una sociedad viviendo con propósito

Veníamos hablando en capítulos anteriores de buscar realizar un bien mayor con nuestras vidas. Que nuestra vida no esté dedicada al simple trabajo rutinario y que trascendamos el vivir solo sobreviviendo, para vivir realizando un cometido superior.

Que este cometido sea una obra digna del trabajo de toda una vida y perdure para la posteridad, que haga recordar nuestro nombre mucho más allá de la muerte, y que beneficie a muchas otras vidas más allá de la nuestra.

No estamos hablando de realizar un trabajo de fábrica donde las piezas que fabriquemos sirvan a las máquinas de muchas personas. Estamos hablando de la realización consciente de un objetivo acorde a nuestras capacidades, talentos y dones.

De realizar o crear algo único para el mundo gracias a nuestros talentos, capacidades y dones. Y de vivir para desarrollar esto, no de vivir para trabajar y simplemente vivir bien.

Estamos hablando de vivir con un propósito. De que nuestra vida tenga un propósito. Que este propósito sea elevado y sublime, y que al lograrlo mejore la vida de las personas más allá de nuestra propia existencia. Pero, sobre todo, que el lograr este propósito nos sea retribuido con abundancia.

Lograr un propósito sublime y excelso no debe ser un acto de abnegación ni de desinterés. Es un acto de realización.

Y la realización no puede terminar en las mismas condiciones en que empezó. Debe concluir en una mejora tangible y evidente de todo lo que nos rodea, gracias al esfuerzo implicado en todas las áreas de nuestra vida.

Educar para la realización y no solo para sobrevivir

Educarnos en ese sentido es educarnos para lograr la meta, el propósito de nuestra vida. Y no en todos los casos la educación escolarizada será suficiente. Para empezar, necesitamos una educación que cambie la acostumbrada mentalidad de vivir por vivir, trabajando por sobrevivir, hacia una mentalidad de vivir para lograr algo más grande que nosotros, que podamos legar y que mejore la vida de otras personas. Y, sin lugar a dudas, que mejore también nuestra propia vida.

Estos son los principios con los que se puede salvar una sociedad, no solo la latinoamericana, sino cualquier sociedad. Son principios que implican pensar diferente, que implican una mentalidad distinta.

Si todos dejáramos de consumir tanto entretenimiento y de irnos a descansar o a embriagarnos una vez terminado el trabajo asalariado, y dedicáramos al menos un poco de tiempo a crear algo personal que mejore el mundo, nuestra sociedad se elevaría a confines todavía inimaginables.

O mejor aún, si ya hubiéramos alcanzado la posibilidad —con el trabajo de varias vidas, tal vez— de no tener que trabajar asalariadamente, y pudiéramos dedicarnos solo a nuestro propósito, misión y realización, estaríamos viendo obras magníficas por todos lados y viviríamos en una sociedad abundante y armoniosa.

Tecnología, inteligencia artificial y el futuro del trabajo

Y eso se puede lograr, sobre todo ahora, en estas eras de alta tecnología.

Se desarrolló la Inteligencia Artificial, y con ella se pueden crear robots que hagan todo el trabajo peligroso, pesado, rutinario y sucio que actualmente realiza el ser humano. Y el ser humano, con una mentalidad diferente, puede dedicarse a su realización física y espiritual.

Pero con la actual mentalidad del ser humano, no me extraña que este le esté pidiendo a la IA hacerle versos e historias para entretenerlo, mientras el afligido despertará temprano para ir a su trabajo pesado y rutinario, por no decir esclavizante.

Así, a falta de la elevación del ser humano, estúpidamente elevaremos a las máquinas y a la IA a los cargos que controlan la sociedad, mientras nosotros seguimos siendo los obreros del mundo.

¿A quién culparemos ahora si el patrón serán las mismas máquinas que la humanidad creó?

En este contexto resulta interesante reflexionar sobre la posibilidad de construir un sistema social diferente, donde la tecnología contribuya al desarrollo humano en lugar de sustituir su propósito.

¿Estamos dispuestos a vivir con un propósito?

Entonces dime: ¿estás dispuesto a elegir una misión y un propósito? ¿Estás dispuesto a hacer con tu vida algo más que trabajar?

Y, ¿qué tan dispuesto estás a difundir esta mentalidad y aceptarla por el bien de la evolución humana?


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